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Ensayo

«Matar No Es Arte»

Rubén Quast
Maracaibo, 21 de noviembre de 2011

Hoy se habla verde y se llama a la conciencia de las personas a modificar sus hábitos de vida, así como algunas costumbres que pueden atentar contra lo moralmente correcto o lo necesario para el bienestar del planeta y sus habitantes.

La práctica de las corridas de toros es, a mi gusto, un hecho morboso y sádico, en el peor sentido de la palabra.

Sé que muchos argumentarían que los animales igual son asesinados en el matadero para nuestro consumo, pero también es cierto que no se hace en las mismas condiciones y mucho menos con una jauría de ebrios felices del acontecimiento; tampoco se humilla al animal, no se le prepara agonizantemente para la muerte, y menos aún se le entrega un rosario de oro al carnicero.

Es completamente falso que las corridas de toros sean un duelo entre la vida y la muerte. El toro está completamente maltratado y torturado antes de salir al ruedo. Un animal de al menos 500 kilogramos con mucha facilidad nos levanta de una cornada y podría atravesar el estómago de cualquiera con gran habilidad. A la bestia, durante una semana antes de la corrida, se le maltrata con toques eléctricos en los testículos, golpes con barras de hierro en sus órganos vitales, se le cubren los ojos con vaselina o grasa animal para que las moscas no dejen que los cierre, no los alimentan y el agua de la que le proveen contiene sal, así que el animal sale deshidratado, cansado y maltratado a la corrida; pero aún así su fuerza es tanta que sale al ruedo y en ocasiones logra dar un cachazo al asesino de ropas excéntricas; asesino llamado «torero» y en ocasiones héroe.

Algunos alegan que la raza del toro está fabricada para las corridas de toros y que, además, la corrida es cultura. ¿La fiesta organizada para el asesinato es cultura…? Entonces la OTAN (Organización del Tratado Atlántico Norte) debería ser patrimonio cultural por invitarnos a presenciar el asesinato que organizaron y llevaron a cabo en Libia en los tiempos del «levantamiento popular».

Suelo pensar que el nombre «toro» es diminutivo de «torturado». Durante toda la corrida el torturador clava —en el lomo del toro— unos ganchos de acero llamados banderillas, de colores muy llamativos. Algunos explican esto como parte del arte que ahí se está realizando, pero lo cierto es que estos ganchos van desgarrando la piel del toro, sus músculos, articulaciones y lo van desangrando y debilitando aún más, todo para abrirle paso a la estocada final, que no es más que una espada de acero de unos 88 centímetros, desde la empuñadura hasta la punta, vértice tan filoso que perfora todo lo que encuentra en su recorrido. Por si esto no ha sido suficiente tortura, o el torero no ha sido lo suficientemente acertado en su estocada, entra al ruedo el picador, que no es más que el rematador, que atraviesa una daga en la yugular del animal.

El grupo antitaurino «Matar No Es Arte» fue fundado en el año 2007. Comenzó con el desacuerdo de un muchacho a través de estados en su Messenger, y al ver que recibía comentarios en apoyo decidió formar un grupo en Myspace, ahí se dio a conocer por la comunidad en internet y convocó a lo que sería la primera reunión del colectivo antitaurino de Maracaibo, con la participación de 18 personas.

Se decidió darle forma legal a esta iniciativa y dejó de ser colectivo en Junio de 2008, para ser Asociación Civil Cultural y su junta directiva estaba conformada por José Ignacio Salaverría como Coordinador General; Andreína Jiménez, Coordinadora Administrativo; Edgar Montiel, Coordinador de Difusión; Diosa Becerra, Secretaria, y Vocales: Georgina Vargas e Ivana Montserrate.

La asociación tiene campañas todo el año, no sólo en protesta a las corridas, también en contra de cualquier tipo de maltrato animal. Charlas en las escuelas, cine foros y todo tipo de actividad para despertar la conciencia del ciudadano taurómaco y mantener la lucha del que está en contra de estas actividades.

«Matar No Es Arte» trabaja en conjunto con la Asociación por la Defensa y Protección de los Animales (ASODEPA), un refugio de animales en estado de abandono o maltrato.

La labor de «Matar No Es Arte» es más conocida en tiempos de corridas porque es cuando se reúnen todos en los alrededores de la plaza para protestar por los asesinatos que ocurren ahí dentro y mucho más por el festejo de la Feria de la Virgen de La Chinita, patrona de los zulianos y su mayor símbolo religioso. Antes de salir a las corridas, a los toreros se les hace una misa para bendecirlos al salir al rodeo, deseando que todo salga a su favor y al matador que haya logrado conseguir más orejas durante la faena se le entrega el «Rosario de Oro», como valor por su arriesgada labor en la arena de la plaza.

Uno de los mensajes más interesantes del grupo antitaurino es «Ponte en la piel del animal», reflexión que nos invita a pensar en el padecimiento del toro o de cualquier animal víctima de maltrato. No tienes que ser vegetariano para protestar por estos abusos. Sólo necesitas voz para apoyar a nuestros amigos —los animales— que no la tienen. Matar no puede llamarse arte en ninguna parte y quien sabe de arte es la UNESCO que, en 1980, explicó:

«La tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público que traumatiza a los niños y a los adultos sensibles, agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos y desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la ciencia y la cultura».

En 2011 se ha ganado una batalla por una Venezuela antitaurina, y es que está terminantemente prohibido el acceso de menores de edad a las corridas de toros en Maracaibo.

«Matar No Es Arte», además de protestar ha sabido tener buenas estrategias para que la corrida no sea la única opción que tenga el marabino durante la feria religiosa. Este año se celebró el Segundo Festival Cultural y Deportivo Matar No Es Arte, y contó con tres días de sano entretenimiento, cultura y deporte que pudieron disfrutar los ciudadanos sin pagar: grupos musicales, obras de teatro y un partido de softbol fueron algunas de las actividades en pro de la vida y el arte.

¿Son las corridas un arte? ¿Tenemos derecho a decidir por la vida de un animal y hacer de su muerte un espectáculo? ¿La tortura podría ser cultura o sólo es sadismo organizado?

«Si las corridas de toros son un arte, el canibalismo es gastronomía»
Manuel Vicent

Rubén Quast nació en Maracaibo, en 1989. Con estudios en Comunicación Social por la Universidad Católica Cecilio Acosta, es Scout, Cinéfilo, Documentalista y miembro de la Asociación Civil Cultural «Matar No Es Arte».

@NeburQuast

quastlh@hotmail.com



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@MatarNoEsArte

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