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Entrevista, Literatura

«El libro se escribe en la corrección»

Enza GarcíaEntrevista a Enza García Arreaza para País Portátil
por Valmore Muñoz Arteaga

1.- ¿Cómo llegaste a este mundo de la lectura y la escritura? ¿Qué leíste que te motivó a seguir este camino?
De niño uno suele emular al que más ama. Seguramente vi a mi papá en algún afán lector una tarde de domingo y pensé que sería bueno pasar el tiempo así. “El ángel caído”, de Amado Nervo, fue el primer cuento que releí fanáticamente, preguntándome cómo era posible sentirse calcinado y tierno, con ganas y tristeza, y también con un poco de horror. Y entonces otra vez uno quiere emular algo que ama.

2.- El primer libro que compré fue una edición muy barata y horrible de La Metamorfosis de Kafka. Aún la conservo. ¿Recuerdas cuál fue el primer libro que compraste? ¿Dónde fue y por qué te decidiste por ese libro?
La Identidad de Milan Kundera, en una librería de Puerto La Cruz que ya no existe. Porque sonaba lo suficientemente serio como para creer que estaba haciendo algo importante con el dinero que me dieron por mi cumpleaños dieciséis. El descuento también influyó.

3.- ¿Recuerdas cuál fue tu primer trabajo publicado? ¿En dónde apareció? ¿Qué sentiste?
Cuando llegó a mi casa el ejemplar de la revista Tropel de luces con el cuento “Disidencia” me alegré mucho, sobre todo porque mis padres parecían contentos.

4.- ¿Qué significó para ti el VII Premio Literario “Cuento Contigo: Nuevas Voces Jóvenes” del Aula Iberoamericana de Casa de América?
Fue una venganza infantil y fugaz en contra de los que consideraron que no podía escribir y hacer algo útil con ello. Por supuesto, siempre hay quien se ofende con una menudencia como ésta, puesto que se trató de un premio menor, cuya gran y modesta consecuencia fue la publicación de un cuento en una antología, y un viaje que de otra manera no hubiera podido hacer. No me siento sobrevalorada por haberlo ganado, pero el tiempo pasa e incluso exige ecuanimidad. También lo agradezco.

5.- En una entrevista concedida a Encontrarte dijiste que querías ser leída y ofrecer con tus textos un objeto de disfrute, de goce e incluso de dolor. ¿Qué significa “goce” para Enza García Arreaza?
“Goce” está en el diccionario. Lo cierto es que sería ingenuo aspirar solo al goce del lector. También espero que se indigne.

6.- ¿Cuáles han sido l@s escritor@s que más te han conmovido? ¿Por qué?
Pamuk es mi adquisición más reciente. Saroyan parece conmoverme mucho más con cada año que pasa: educación sentimental con eficacia narrativa. Miguel Gomes es un gran acierto del idioma español. Juan Villoro por Twitter es un gusto casi doloroso, casi tanto como los poemas de Morábito que siempre hablan de algo que está lejos. Nabokov escribió sobre “la madre de todos los abedules”.
7.- ¿Nabokov o Auster?
Es evidente. Pero creo que más el Nabokov de los poemas y los cuentos, donde parece un viejo bonachón que se dejaría rascar la barriga, a pesar de ser ofensivamente inteligente.

8.- ¿Qué ha significado la filosofía en tu camino como escritora?
Nada. O lo mismo que todo lo demás.

9.- Cuando leí Cállate poco a poco recordé un concepto que maneja mucho Michel Onfray y que yo le he robado impunemente: «hospitalidad de la carne». Una nueva relación con el cuerpo y la piel desde la ausencia, desde la nada. Digamos, reescribir al cuerpo desde el cuerpo mismo. En este caso, el deseo se vuelve uno de los grandes protagonistas. ¿Qué significados tienen el cuerpo, la carne y el deseo para ti?
Carne, cuerpo y deseo convergen en el término erotismo. Lo cual es un elemento, entre muchos otros, que me interesa forme parte de mi discurso narrativo. El asunto es que también me interesa el clima, la muerte, los zorros, la venganza, la estupidez femenina (y la masculina, no sea que alguna se ofenda) o la música. Pero el otro asunto es que cuando escribí Cállate poco a poco, entre los diecisiete
y los diecinueve años, no estaba muy segura de qué cosas me
importaban. Bueno, ¿y qué demonios sabe uno a esa edad? La intuición no basta. Y luego la experiencia tampoco. Pero leer ayuda muchísimo para aprehender los detalles más humanos. Lo que digo es que el cuerpo debe usarse, pero no creo que sea él quien se entienda a sí mismo: entender o el intento por entender le corresponde a ese órgano misterioso que es el lenguaje.

10.- Hay en Cállate poco a poco un grito que parece surgir de una garganta ansiosa por decir cosas, por escupir cosas, por abofetear, por cortar tensiones. ¿Lograste decir lo que querías decir en ese momento? ¿Quedó algo por decir?
No sé si eso pase con algún libro que uno escriba, el lograr decir. Supongo que uno al menos se acerca mucho, con suerte, así como es buena suerte que también quede algo por decir. Cállate poco a poco, a pesar de sí mismo, era un escalón necesario para elaborar ese mentado discurso narrativo.

11.- En El Bosque de los abedules esa misma tensión de tu libro anterior parece disminuir un poco o, quizás, la manera de enfrentarte a algunos demonios –de serlos– ha madurado. Quizás no se trate de manejo de tensiones, quizá se trata de relación con la palabra, con los temas, con las historias. ¿Qué cambios significativos se produjeron dentro de Enza entre un libro y otro?
Un cambio significativo fue alcanzar la conciencia de que el libro se escribe no verdaderamente en la fiebre sino en la corrección. Y ya quisiera haberlo corregido más porque es un libro que me permitió conmoverme y ponerme entredicho.

12.- En muchos de tus cuentos hay líneas que son poemas realmente hermosos, realmente duros, realmente poemas. ¿Por qué no hay más poesía publicada?
El otro día me sacaron dos poemas en la revista Las malas juntas. Y antes en la revista Ojo. Por lo demás, pues ya veremos.

13.- Tú formas parte de una generación de escritores que vio en Internet un campo estupendo para publicar y mostrarse. De esta generación ¿cuáles son l@s escritor@s que más sigues y por qué?
Bueno, pero a todo el mundo le han publicado algo a través de Internet, no necesariamente habría que reducir esto a mi generación. Proyectos como Ficción Breve Venezolana o Letralia no solo abrieron un espacio para las voces emergentes; también se han dado a la tarea de preservar la impronta de una tradición. Así que debería decir que sigo a todo el mundo. Creo que los blogs y las revistas digitales cumplen una función vital para lanzar una obra al ruedo pero no creo tampoco que con solo estos espacios pueda construirse una obra. Yo misma tengo un blog pero no me dice ni me aporta lo mismo que los libros que he publicado. El libro como objeto en sí mismo tiene una fuerza irremplazable. Lo digo como autora y sobre todo como alguien que lee. Las nuevas tecnologías nos exigen adaptación, por supuesto. Pero insisto, hay gustos que no admiten mutaciones. En todo caso, hablo por mí.

14.- En la misma línea, ¿cómo contemplas el paisaje de la literatura en Venezuela?
Igual que como estaba antes de que yo naciera: hay personas que se toman el oficio religiosamente. Y gente que no. Hay quienes hablan mal de autores que ni han leído. Hay gente que, por suerte, no habla mucho. Hay poetas enormes. Hay académicos que ejercen el oficio responsablemente. Hay flojera y carencia de un planteamiento sagaz para explotar el mercado. No hay real. Hay resentimiento. Hay gente
con buenas ideas. Hay libreros. Hay jóvenes que nunca llegarán a nada, sea por falta de talento o de paciencia o porque creen que el show es todo: lo cual no quiere decir que la autopromoción sea un pecado. Hay gente que llegó a mucho y que permanece. Hay flojera, ya lo dije. Hay bastante caña. Hay narradores imprescindibles. Hay un país.

15.- ¿Qué estás leyendo? ¿Qué resaltas de esa lectura que haces?
Hice a un lado el Curso sobre el Quijote, de Nabokov, porque me apresuré en terminar El museo de la inocencia (un préstamo que debo devolver a Ana García Julio), pero ya regresé, después de comprender, para mi pesar, que no tolero a Herta Muller (construye imágenes bellísimas y poderosas, pero el hilo narrativo se me hace fastidioso e impostado). Estoy por la parte donde Nabokov explica porqué El Quijote es un libro cruel, y lo hace con un sentido del humor excepcional.

Enza García Arreaza nació Puerto La Cruz, Venezuela, en 1987. Narradora en 2007 gana el V Concurso para autores inéditos de Monte Ávila Editores con el libro Cállate poco a poco (2009). Equinoccio publicó su colección de cuentos El Bosque de los abedules (2010). Textos de su autoría aparecen en portales digitales como Letralia, ReLectura, Las Malas Juntas, Entre Shandys y Bartlebys, así como también forma parte de las antologías De la urbe para el orbe y Zgodbe iz Venezuele.

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