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Entrevista, Literatura, Música

Julio Briceño. Con y sin los panas invisibles (i)

Daniel Centeno M.
El Paso-Miami/USA

-I-

Un mes antes pusieron a saltar a todo el mundo en el House of Blues de Houston. El set de dos horas y media parecía ensamblado por los mismos ingenieros que habían creado a Mazinger Z. La canciones se sucedieron sin pausa, como un disco de mezclas, en donde los estilos musicales se alternaron sin que pareciera una melcocha sonora sin lógica: acid jazz, funk, disco, calipso guayanés, house, rock, pop… Sólo a la salida un par de venezolanas lamentaron no haber escuchado ninguna de las salsas de su repertorio.

En El Paso lo volvieron a hacer. Los Amigos Invisibles (LAI) no eran los cabezas de cartel del primer Neon Desert Music Festival que se realizaba en la ciudad. Todo lo contrario: fueron los encargados de abrirle a los regiomontanos Kinky, la misma banda que no pudo ganarse el Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Música Alternativa por el trofeo que obtuvo, precisamente, el disco Comercial del sexteto venezolano en 2009.

Sin embargo, volvieron a triunfar. Llegaron con humildad, cargaron con sus aparatos, conectaron sus instrumentos, realizaron la prueba de sonido frente a todo el mundo y arrancaron con otro set de poco más de una hora. En éste tocaron a pleno sol y con una versión reducida de lo de Houston. Julio Briceño saltó en su papel de galán sabrosón, el guitarrista José Luis Pardo (DJ Afro o Cheo) con sus muecas, brinquitos y un afro que pareció tener vida propia, Armando Figueredo (Armandito) en la piel de tecladista derrapado; mientras que el bajista José Rafael Torres (El catire), el percusionista Mauricio Arcas (Maurimix) y el baterista Juan Manuel Roura (Mamel) demostraron la perfecta comunión rítmica que existe en el grupo. Cuando terminaron el público quedó exhausto, como si lo hubieran sometido a una rutina física digna de olimpíada.

Tampoco hubo salsa en esta ocasión. Pero sí muchas pancartas. La más osada de todas era reversible. La cargaban dos chicas muy jóvenes. Por un lado decía: “Julio, quiero que me pongas en 4”. Por el otro unas palabras con una flecha dibujada: “Y a ella también”.

***

En el improvisado camerino se encuentran Briceño, Arcas y Roura. Parecen toreros después de una buena faena: sudados, aliviados y satisfechos de haber salido por la puerta grande. Afuera se queda el resto del grupo, y sólo por momentos entran en el cuarto para servirse más ron de una botella que corona la única mesa. En el ambiente se respira una camaradería cuajada por años, en este caso, de veinte almanaques exactos. También de cierta profesionalidad. La rutina se sucede como se acostumbra cuando están juntos, con un espíritu bromista liderado por Briceño y con la aquiescencia del baterista y percusionista. De cerca ninguno desmiente estar frisando los cuarenta de edad, aunque la actitud es juvenil.

“Tenemos que celebrar los 20 años con los caraqueños porque somos de allá (para entonces faltaban pocas semanas para el concierto conmemorativo) –dice Julio Briceño como bienvenida antes de continuar: Para nosotros es un orgullo porque así nos consideramos. Viendo la cosa en retrospectiva, lo bueno de LAI, dentro de sus bajadas y subidas, es que todavía nos queremos, nos respetamos. Nos gusta estar juntos, tocar juntos. En tarima se siente la magia”.

- ¿Qué tal les va con la piratería?

JULIO BRICEÑO (JB): Pana, nos va mal con la piratería (lo dice desde el alma hasta sonrojarse). Ahora se está vendiendo muy poco. La gente que te compra lo hace porque es fan y porque te apoya. Además, dentro de la industria somos una banda rentable. Pero los números de las ventas son para llorar.

JUAN MANUEL ROURA (JMR): Por eso es importante estar en la calle, tener presencia. Ahora vienen los grandes éxitos. Después nos meteremos al estudio para el disco nuevo. El punto es mantenerte trabajando, haciendo cosas y no quedarte en solo armar un disco de LAI. Julio está en su proyecto y la banda siempre está trabajando.

MAURICIO ARCAS (MA): Sí, esa es la sensación que tenemos, incluso, cuando estamos produciendo. Ahora estamos dándole a una recopilación de Dimitri From Paris. Son covers de 1982 (Julio canta uno de los temas con falsete).

- Suelen ser amigos de la escena internacional. En España llegaron a compartir tarima con La Fundación Tony Manero, y hasta terminaron produciéndoles un disco.

- JB: Sí, somos panísimas de los Tony Manero. Somos como hermanos. Además, estuvimos como 15 días con ellos en un autobús respirando el mismo humo (ríe y luego hace una aclaratoria con la sonrisa en la cara). Bueno, ellos fuman mucho… Lo lamentable es que la escena en España es muy mala, y esto lo dicen sus músicos.

- ¿Por qué no suelen tocar temas del primer disco o sus canciones de salsa acá en Estados Unidos?

- JMR: Dime la estamos regrabando, la vamos a relanzar. Pero también es verdad que en estos conciertos la gente viene a escuchar las que todo el mundo conoce. Las otras canciones son mejores para tocar en bares y discotecas, porque allí la gente va en otra onda.

- MA: También depende del concierto. En lugares como estos quizás baja el ánimo de la gente si tocamos una salsa. Pero siempre le damos como a una o tres, tipo Mami te extraño, Óyeme negra, Esto es lo que hay.

- Sin embargo, se nota mucho la inclusión de canciones en inglés en sus últimos álbumes y repertorios.

- JB: Aunque aún no movamos las caderas como Shakira (ríe).

- JMR: Llevamos mucho tiempo viviendo aquí y creo que ya se nota en la composición. Antes quizás no nos sentíamos cómodos con eso, pero con los años ya no nos asusta darle en ese idioma, a Armando sobre todo.

- Hay algo que llama atención de sus conciertos: nunca paran entre canción y canción…

- JB: …Y nunca has escuchado una salsa (ríe). Es que nos encanta el peo del DJ y de la electrónica, de cómo ellos animan una noche sin parar. A la gente le gusta esa onda. A veces, digo que lo aprendimos en Venezuela y luego nos ayudó México. Cuando no nos conocían allá tocábamos una canción tras otra porque si no nos gritaban: “¡culero, culero, puto!” En Venezuela también costaba abrirle a otros cuando estábamos empezando porque la gente te chillaba: “¡bájense, fuera!” Y nosotros, no joda, tocábamos una tras otra (mueve las manos y hace un sonido repetido como de disparos). No les dábamos tiempo a que nos gritaran nada o, por lo menos, a escucharlos. Le abrimos a Los Pericos, a Enanitos Verdes, a Jamiroquai, pero allí ya éramos conocidos. En la de Los Pericos hasta me tiraron un bolívar en la cara (ríe).

- ¿Sí?

- JB: Sí, pana. La gente estaba arrecha con ganas de ver a Los Pericos, que estaban de moda. Todavía me acuerdo de eso.

- Hablando de Jamiroquai, antes siempre los nombraban como sus influencias. ¿Por qué ahora no?

- JMR: Nos sigue gustando el acid jazz, pero no sólo Jamiroquai. Nos mató ese estilo y supimos que para allá queríamos ir. Nos dimos cuenta que detrás de esa música hay más cosas.

- Ustedes parece que tocaran cualquier género. ¿No hay ninguno que se le resista?

- JMR: Nosotros hemos tocado hasta la gaita Amparito. No tenemos un género determinado. Tampoco sabemos si nos salen bien o no esas versiones. Pero hemos intentado meter cosas en nuestros set que sean canciones representativas de la cultura venezolana o Latinoamericana, a modo de chiste. Y poco a poco la inclinación se hizo más seria hasta grabar Superpop Venezuela. Siempre nos ha interesado el hecho de poder tocar lo que nos dé la gana y nos gusta. Lo que se escucha en los autobuses es quebradita, merengue, salsa… Sería deshonesto no tomarlos ni usarlos en nuestra propuesta. Por ejemplo, yo escucho de todo.

- JB: Yo también escucho demasiada música. Pregúntale a mi jeva, que le ladilla la cosa. Cuando llega en la noche me dice: “tú todavía sigues oyendo música”.

- ¿Qué música recomiendan ahora?

- JB: Ahora mismo estoy pegado con Neon Indian. Es un tripeo.

En ese momento entra Armando Figueredo. Se va a una esquina del pequeño cuarto y se distrae con una Mac portátil. Mientras la entrevista se realiza, él no se integra. Se pone a revisar su página de Facebook. Los otros siguen la conversación como si no hubiera irrumpido nadie al camerino. Llama la atención que el miembro menos recatado de la banda se comporte de una manera tan ausente, y más cuando minutos atrás había tocado la mitad del concierto con el torso desnudo y hasta dramatizando un coito con su teclado.

- Y hablando de música y mezclas, ¿serían capaces de hacerle un tema a una novela como las de Leonardo Padrón?

- JMR: Nos encantaría hacerle la música a un culebrón de Padrón. Sería un buen experimento.

- MA: Con La mujer perfecta hubo conversaciones para hacer un tema. Al final no se dio.

- JB: Yo quiero salir en un libro de él, aunque sea en Los imposibles 16. Yo quiero estar allí.

- Todos sabemos que el nombre del grupo viene del saludo de Arturo Uslar Pietri en su programa Valores Humanos. ¿Se han leído algún libro de él? ¿Le pagan los derechos de autor a sus herederos?

Todos se miran a la cara, y es Armando Figueredo quien participa desde su esquina, mohíno, y sin quitarle los ojos a la pantalla de la laptop que descansa en sus piernas.

- ARMANDO FIGUEREDO (AF): En el momento me mandaron a leer Lanzas Coloradas y me aburrí mucho. Hoy en día tendría que volver a leerlo, pero de tarea no me gustó nada.

- JB: A mí también me pasó lo mismo que a Armando. La otra vez leí una entrevista con él en Los Imposibles y dijo una cosa muy cierta: que uno de los problemas graves de Venezuela es que pasó de la colonización a la modernización. Es decir, nunca tuvo un paso a la culturización. Esa verdad me dejó frío. Este hombre dijo en una oración años de cosas que tal vez a nosotros nos falta comprender…

- JMR: Sí, cuando te lo ponen de tarea es otra cosa… Además, a Uslar Prietri le gustó la idea del grupo de llamarse así. Nunca estuvo en contra.

- AF: Sí, le preguntaron una vez y dijo que no había rollo.

- Ya quedan pocas preguntas. ¿Para cuándo escribirán una canción seria, desgarradora?

- JB: Bueno, ¿tú has escuchado bien Viviré para ti que compuso Maurimix? Es una canción desgarradora, pana.

- AF: ¿Y Ponerte en cuatro? Ponerte en cuatro también te desgarra, chamo. El disco anal también es muy desgarrador. Si a ti no te desgarra eso…

Todos ríen un poco incómodos. Armando vuelve a pegar sus ojos en la pantalla de la Mac y ya no interviene más.

- ¿No creen que su guitarrista es como una especie de Dudamel pero del lado oscuro?

- JB: Cheo no es tan oscuro como la gente cree… Bueno, sólo de piel… Es súper centrado y trabajador. Es igual que Dudamel. Lo que pasa es que el otro pana está más allá…

- JMR: Yo creo que Dudamel está más volado que Cheo. Cuando lo conocí me quedé loco. Dije: “bestia, este pana está loco e bola”. Pero todo bien, en plan artista.

Todos están inquietos por ver el resto del festival. El tiempo ya fue suficiente. A la salida del camerino se encuentran José Luis Pardo y José Rafael Torres campaneando un par de vasos en sus manos, con la actitud de esperar el fin de la entrevista. En esta ocasión no son ellos los voceros de LAI. Tienen la pinta de haberse salvado de este trance. Sin embargo, no es fácil aguantar las ganas de repetir la última pregunta al único que quizás pueda responderla con propiedad.

- ¿No crees que eres como una especie de Dudamel pero del lado oscuro?

José Luis Pardo se sorprende por la confianza y por haberlo agarrado fuera de base. Su respuesta lo delata:

- Bestia, si tuviera la mitad de la chequera que él tiene estaríamos finos… No sé qué responder… Dudamel es demasiado pana. Él debe tener su propio lado oscuro… Probablemente esté más loco que yo.

Daniel Centeno Maldonado. Nació en Barcelona, (Anzoátegui) Venezuela, en 1974. Egresado en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas, con Maestría y doctorado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Se ha desempeñado como Director Editorial del sello Alfaguara en Venezuela, y como docente de pregrado y postgrado de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB. Ha publicado los libros de ensayos Postmodernidad en el cine: Romeo y Julieta como espejo de la sociedad contemporánea; Periodismo a ras del boom y Retratos Hablados.

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