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Ensayo, Reportaje

«Mercado de Los Corotos»

Mercado de los CorotosWaleska Bustos
Maracaibo, julio 2011

De un tiempo acá me he mantenido en la búsqueda de pequeños placeres. En las conversaciones habituales que mantengo con mi compañero de aventuras, una tarde me comentó acerca de un Mercado de Los Corotos, que tiene lugar en esa orilla de Maracaibo que, al parecer, desde hace siglos es conocida como «La Cotorrera».

«En ese sitio podemos encontrar cosas interesantes, curiosas», me dijo. Cuando le pregunté de qué se trataba, respondió, sin mucho rodeo, «es que venden muchas cosas, vamos». Sin saber más, con esa incertidumbre de lo que podría encontrar o no —aunque siempre he confiado en sus gustos— le di el beneficio de la duda, y fuimos el siguiente domingo.

A las seis de la mañana íbamos en el carro de Francisco. Para nuestra satisfacción, recorrimos una Maracaibo tranquila, de calles calmadas. La mañana era nuestra, alguna que otra venta de comida rápida atendiendo los trasnochados de la fiesta del sábado, y a quienes —por costumbre, o por necesidad y obligación— religiosamente comienzan el día caminando aceras.

Al llegar quedé impresionada. La mitad de Maracaibo estaba allí y el calor comenzó a hacer su trabajo. Primerizos como andábamos, no sabíamos dónde comenzar. Parados a la entrada de rejas azules, la multitud de personas nos pasaba por un lado, pero luego de varios minutos inmóviles, decidimos visitar cada «Puesto» y mirar lo que ofrecían.

En el edificio donde funciona el Mercado había un club deportivo. Según parece, y en ese santiamén con que los vendedores ambulantes se apropian de un lugar cualquiera, descuido y tiempo lo convirtieron en el Mercado de Los Corotos.

En el Mercado sobreabundan vendedores con esos «particulares» productos. Lo que se encuentra esMercado simple: objetos nuevos, viejos o usados, pero útiles.

Los objetos usados son los más apreciados. Hay de todo: ropa, herramientas para el carro, artículos para el hogar, juguetes, artículos de aseo, perfumes, jabones, cosméticos, lavadoras, planchas, disfraces, estantes para libros…

Lo que hace diferente al Mercado de Los Corotos de otros mercados de la ciudad, es que en un «Puesto» se puede encontrar el cable que se necesitaba para la computadora, el juguete de McDonald’s que perdió por no ir el último domingo, ese libro favorito que un buen amigo le pidió prestado y jamás se lo devolvió, una cartera para su pareja… Pero lo más especial son las antigüedades, y que de inmediato pasan a manos de aficionados o coleccionistas.

Entre esas personas que buscan ampliar su colección, me encontré con Carolina Leal, cuando aún estudiaba Diseño Gráfico en la Católica Cecilio Acosta. Visitante asidua al Mercado desde su infancia, pues sus padres la llevaban; fue en 2007 cuando comenzó su rutina de los domingos junto a numerosos de amigos. Desde entonces asiste un domingo sí, otro no. Al igual que Francisco y yo, su recorrido lo comienza en la reja azul. Una especie de ruta marcada, donde se encuentra con sus «amigos del mercado», como los llama, mientras avanza puesto a puesto.

En su ruta escucha, desde cerca, un vendedor que le dice «Te traje una cosita». Esa cercanía que tiene con los comerciantes de domingo, le da ventajas a la hora de regatear. A la señora que le vende ropa, Carolina le compra en grandes cantidades y le paga con cheques o le hace transferencias. Confieso que yo aun no tengo las ventajas de Carolina.

En su andar por el mercado, la gente la reconoce a pesar de que ningún vendedor tiene un lugar fijo para su «Puesto». Carolina parece un político en campaña. Saluda a todos en todo momento.

En cuatro años, Carolina consiguió 16 cámaras. Según he visto en sus fotos, son muchas, de diferentes formas y colores. Dice tener —en uso— una digital, una análoga y una instantánea. Al igual que sus visitas al mercado, su afición por las cámaras comenzó temprano, gracias a que su papá es fotógrafo. Este lugar ya se ha hecho parte de nuestros días. Mientras vas caminando, escuchas cosas que te van a dar risa. Para Carolina, el Mercado de Los Corotos es Maracaibo, porque puedes escuchar cualquier expresión maracucha, y avenga de los vendedores o los compradores. Otra característica del Mercado de Los Corotos es que, a diferencia de otros lugares de la ciudad —como el temido «Centro» e Maracaibo— cuentas con la tranquilidad de que nadie está pendiente de robar a nadie.

Francisco Javier Fuenmayor es otro de mis compradores favoritos, y también va en búsqueda de cámaras, o de algo relacionado con la fotografía o el cine. Cuando tiene algo en mente, suele encontrarlo allá. A partir del segundo domingo, la ruta se construyó sola. Caminamos todo el lugar, como recreando mentalmente pasillos de algún centro comercial. Desde ese día el camino es el mismo. Luego de dos años continuos, tiene 35 cámaras. Siempre llegamos al puesto de un señor que vende solo antigüedades. Nos tardamos unos minutos con él. Como muchos compradores, Francisco se esmera en el arte del regateo. Con cada domingo se hace más experto. Para él es la «acción más importante».

Recuerdo un señor que vende anillos y collares, y que cuenta con ese humor que parece distinguir al maracucho. Una mañana, yo quería ver sus corotos y nos acercamos. El señor comenzó a «descifrar» nuestro futuro. Además, dijo que iba a casarnos y comenzó su ceremonia. Yo compré un anillo y nos despedimos. El domingo siguiente pasamos por su «Puesto». El señor comenzó con el mismo diálogo, invitándonos a casarnos. Farsante o desmemoriado, no nos recordaba. Le expliqué que ya nos había casado. Por su cara, no me creyó. Ahora, cuando lo vemos, no le prestamos aquella atención. Por él renovaríamos los votos siempre.

Francisco considera que los Mercados de Corotos son especiales, y que la mejor manera conocer una ciudad es visitarlos. El Mercado es una de esas expresiones del ingenio del marabino para «ayudarse» económicamente. Además, allí encontramos la Maracaibo en la que no vivimos, y de la que hablan los libros y los más viejos. Se juntan tendencias, gustos caducos de diferentes generaciones.

Confieso que aunque no está marcado en mi agenda con la religiosidad de Carolina y Francisco, guardo unCotorrera domingo al mes para ir a ese encuentro. Y cuando me preguntan por el Mercado, les cuento que es uno de esos lugares indicados para los curiosos o los que están cansados de andar por los centros comerciales y ver lo mismo en las mismas vitrinas.

Luego de tantos paseos, con ese sol y con los comentarios que escuchas con la misma pila de gente que nos acompañó desde el principio, confieso que regreso a mi casa con cosas que no necesitaba, pero que satisfacían mis gustos.

Así es como algunos domingos a las 6 de la mañana empieza mi rutina en el Mercado de Los Corotos, en una de esas orillas invisibles del lago de Maracaibo.

Dos años de andar paseándome por las instalaciones de aquel viejo club deportivo, conozco algunas de esas pequeñas y grandes historias detrás de cada vendedor, de algunos compradores, y que a la distancia de un par de pisadas, sin altos costos de por medio, cada uno puede llevar alguna sorpresa.

Con la emoción del encuentro del Mercado de Los Corotos, un buen día me uní a su grupo en el Facebook y encontré lo siguiente en su descripción:

«Nunca olviden que siempre hay alguien que necesita algo por muy insólito que esto parezca.»

1. Suban una sola foto representativa del objeto.

2. No se venden objetos pornográficos ni juguetes sexuales.

3. No se pueden vender familiares ni novi@s.

«Nota mental»: Ya sé lo que nunca encontraré allá.

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Editor: Monzantg // Comuníquese con nosotros: revistapaisportatil@gmail.com

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